
La madrugada del 29 de Marzo , me despierto en mi habitación. No comprendía nada, no sabía en qué lugar me encontraba y en que sitio se hallaban las infinitas partes en que me había dividido. Lentamente fui reconstruyendo lo que había pasado. Decidí cometer un acto de blasfemia. Decidí grabar las vivencias que había tenido en la esfera de lo onírico. Me incline a contar un sueño.
Ya los borrosos recuerdos, se estaban fugando para volver a su tierra. Decidí entonces grabar lo que todavía recordaba. A duras penas salió este ensayo, que ahora paso a trascribir.
Recuerdo primeramente estar en la casa de mis abuelos paternos. No sé porque, pero era esa casa aunque no era ni por lejos la imagen que , conscientemente retengo. Esta era una casa mucho más grande, con un patio frontal que se asemejaba al original. Mi padre estaba viviendo ahí. No lo vi nunca en mi sueño, pero sentía, sabia, que estaba viviendo en esa casa.
De la escena no me acuerdo mucho, se que de repente me encontraba en una escena estilo el exorcista, tratando de atrapar a una niña a la que se le había metido un ser demoniaco. Un ser que se asemejaba a un garabato con una furia rayada en la parte de la cabeza de color rojo, que eran los ojos. Lo que si me acuerdo era la voz. Aguda, metálica, chillona. Se reía, blasfemaba.

La hermana de la niña (que no sé porque estaba ahí, ya no recuerdo tanto) y yo logramos sacar al ser, y lo aplastamos contra el verde jardín de la casa de mis abuelos. Pero…no era el demonio. Era una ilusión. La niña se nos estaba riendo. Era ELLA la demonio, que se nos mofaba. No solamente era un demonio. Ella era el vacio infinito. Que nos abarco rápidamente en forma de vórtice.Todo casa, barrio, la hermana y yo desparecimos en el. Solo quedo el verde jardín. Solo quedo el pasto, para recordarme que el vacio es inexorable, e inevitable. Las palabras “The End” aparecieron. Estaba en una película, y sin querer (¿O quizás si?), había tomado el rol de espectador.
Otra escena, otro escenario, que cambio fugazmente en un vuelco de cámara. El verde pasto se trasformo en una calle vacía y oscura, De edificios abandonados. Mohos y corroídos por las ratas, estos edificios estaban muertos. Y yo en medio de este paisaje inspirador, flotaba alrededor de ellos. No era una flotación cualquiera. Era más bien..una flotación guiada. Mis piernas flotaban y me impulsaba con las manos, como si estuviera en un carrito invisible. Como si una fuerza superior jugara conmigo y corriéramos carreras de carretilla.
Pero podía volar. Saltar alto, impulsado por mis manos poderosas y dar vueltas y piruetas por los aires. Y caer al piso, donde golpeaba este con mis puños y una fuerza, un vaho celeste, se desprendía, y volvía a flotar. Rebotaba eternamente. Ascendía al cielo como un Dios, como un ser de luz, y caía como un sucio mortal, impregnado de fuego y mugre. Un odioso hereje, que resurgía en ciclos sin fin. Hermosa la sensación de flotar, de sentirse impulsado. De casi explotar en una supernova. De ser poder, poder estelar.
Otro giro de cámara. Otra historia distinta (¿o quizás…?). No me acuerdo mucho de la primera parte. Sé que quería descubrir algo. Que era LA VERDAD. No sé qué o cual era, y no la descubrí tampoco, así que no me pregunten que era. Estaba si, viajando de tren en tren, y cada tanto o una anciana o un hombre de sobretodo y gafas oscuras me decían pistas. Que tampoco recuerdo. Solo recuerdo una pregunta ¿Debo matar a la reina? Nuca sabré quien era, y porque quería matarla.
En fin, por una u otra cosa, algo me llevo a dejar la búsqueda. Me encontré siendo presa de la seducción de una afamada estrella musical (pista: Acaba de grabar un video junto a Lady gaga). No sé porque aparece ella aquí. Supongo que como toda película necesita una estrella reconocida para atraer al público.
De cualquier modo, me quería comprar unos caniches que fueran a tono “con mi personalidad”. O algo así, en sueños sonaba coherente. Créanmelo.
De pronto, en medio de toda esa atmosfera almizclada y aroma a mujer, se me proyecta la imagen de toda la gente alrededor del mundo quieta. Con los ojos tapadas por parches. Muda, inmóviles como estatuas. Las vi y de repente, como si una maquina empezara a funcionar, dieron un retobe hacia atrás, y mecánicamente todo el mundo empezó su ciclo. HAsta creo haber escuchado el sonido de un motor encendiendose.
¿Los controlaba alguien?¿Me vieron y por eso alguien jalo los hilos de los eterno títeres? No sé, pero de repente aparece el mismo tipo de antes, con su sobretodo y tapado los ojos detrás de los lentes. Parecía ciego, como los demás que no podían ver.
El me da un par de anteojos, una pastilla negra, un pedazo de papel escrito, que no alcanzo a leer ( y nunca sabré lo que contiene) y me dice al oído “anden 18”.
No sé porque, pero ya me encuentro en ese anden. El mismo hombre se me presenta, vestido de mendigo. Se lo que debo hacer. Tiro la pastilla, y sale un humo gris, que lo cubre todo. Me pongo las gafas y en ese momento mi informante se saca el abrigo, dejando ver un buzo que en letras que solo podía ver con los anteojos y dentro del humo, decía “¿Debo matar a la reina? ¿Debo matar a la reina? ¿Debo matar a la reina?” Estaba escrito repetidamente en diagonales, formando una grafica de rombos que abarcaba todo el buzo, como cicatrices.

Antes que el humo se disipe, y nervioso, el hombre se saca el buzo y bajo el mismo método, en su remera leo una definición. No recuerdo que era, y ese momento no la entendía, había quizás dos palabras subrayadas.
No pude llegar a descifrar el mensaje. Un disparo, o un petardo de este lado de la pared me trajo de vuelta.
En mi cama a las 4:25 de la mañana. A oscuras en mi habitación, con la esencia fresca de lo etereo en mi cuerpo. Sintiendo los latidos que galopaban de tantas andanzas. Estaba en mi habitación sí. Estaba en lo que algunos llaman realidad. Estaba del lado mortal del muro del universo, donde todos somos vacio indefinido.
Y ahí, después de lo evanescente, pequeñas burbujas todavía flotan alrededor mío. La percepción después de lo vivido cambia. Mi habitación es lo único que existe en el mundo. Fuera de ella hay oscuridad, reina la nada. Siento que esa caja me mantiene fuera del silencio, a pesar de que afuera todavía cantan los grillos, y el tren a Constitución comienza a pasar.
Sé que lo que viví es real. Me niego a pensarlo de otra forma. Son recuerdos, no sueños.
Decidí esta noche, a la espera de que alguien me invite de nuevo al juego mortal (¿la vida?) cometer una blasfemia, y contar algo que el ente humeante, que de noche sale de mi cuerpo y vive en otros planos dejo grabado en mi. ¿Quién será la reina? ¿Qué decían los miles de mensajes que nunca llegare a leer? ¿Qué numero saldrá mañana a la Quiniela?
Imagen: Pintura de Salvador Dali

