
Fue un día pesado, Un miércoles de ciudad arrebatada, de ruidos mezclados. De cansancio temprano por una madrugada despierta, qué me llevo a dormir a escondidas, cuando debería estar haciendo otras cosas.
Llegaba con la intención de descargar mi pesada roca diaria, de sacarme el collar del yugo y de sumergirme en mi burbuja. Mi madre cumplía años (no voy a decir cuántos, porque a ella no le gusta). Traía regalos y dulces, ¿Para ella o para mí? Abrí la puerta, mientras silbaba una canción. De repente su bicicleta me alerto que él estaba aquí. La música se detuvo. El tiempo giraba en torno mío más lento más rápido, pero yo estaba inmóvil. Mi padre estaba en casa.
Retome mi movimiento, y avanzaba sin querer a un tiempo pretérito, donde el todavía vivía con nosotros. Mientras dejaba mis cosas, empecé a hablar…conmigo mismo.
Yo: “¿Qué hace acá?¿Otra vez, de vuelta?”
Otro yo: “No te respetan, le decís y no hacen caso. Anda y grítales, ya nos cansamos de esto..”
Eyo: “Y…pero fijate que es obvio que se iban a ver. Tanto tiempo juntos ¿Y no se van a juntar para esta ocasión?”
Yo: “Bueno si,,,ahí tenes razón…pero me jode, mucho. Y lo peor es que se los dije”
Otro yo: “¡Por eso! Mandalos a la mierda, nos tienen cansados con sus vaivenes. Que no nos jodan”
Eyo: “Bueno…pensa que es difícil” Otro yo: “¡Las bolas! Déjenme hablar a mí, y van a ver que es fácil es”
Súper yo: “¡Acá estoy yo!....” (Silencio de todas mis facetas)
Súper yo: “bueno…me voy, avísenme si surge algo”
Eyo: “Que tipo insoportable”
Yo: “Bueno basta, ahora dejo esto y veo lo que me sale...estoy ya un poco cansado de todo esto”
Mama/Papa: “Hola Fede…¿todo bien?
Que se yo: (acaparando un lugar que no le correspondía) “Si si si…todo bien…¡Feliz cumpleaños!
Otro yo: “Este no aprende mas…”
Es así, instintivamente me instale muy fácilmente, de manera muy dócil en el tiempo en que se me presentaba la situación. Volvíamos a ser tres en la mesa para cenar, volvían las charlas de mis viejos sobre su trabajo…Volvía yo a recorrer mi habitación como perdido, como buscando algo que nunca supe que era.
Si bien fue hace relativamente poco que se fue mi padre de casa, ya pude dirigir mi rumbo nuevamente. Después de mucho (pero MUCHO) ir y venir, de noches sin pensar, de días sin vivir, puedo decir hoy que mi vida está en pleno rumbo hacia algo. No se hacia donde, pero tiene una dirección, eso es lo que cuanta.
Y ahora, la cinta vuelve a rebobinarse dos años atrás y mi viejo me dice que me pruebe tal cosa que me trajo y que le imprima algo de la computadora. Y mi vieja me pide que traiga algo para tomar, y que luego la ayude con algunas cosas que tiene que imprimir.
No, no quiero me rehúso. Esas escenas ya están grabadas y no hay necesidad, ni paciencia para volverlas a hacer. Me bloqueo, activo mi faceta de ser despreciable, de manifestar toda mi bronca a través de la mirada, de la ausencia. Me recluyo en mis estudios y me alejo de aquella época, tratando de salir a la superficie, de no ahogarme con mis palabras o con palabras ajenas.
Mi madre aparece, con una sonrisa en la cara. Es muy raro verla así, parece que disfrutara de esta tragicomedia, en la que ella es protagonista. ¿O se sentirá pro primera vez parte del público? Me espeta que lo quiso así, que ella quería pasarlo con los dos. Entiendo la importancia de este acontecimiento, y que más de 30 años de relación no es broma. Pero sus arreglos me ponen un viento en contra en mi barco. Y yo, inexperto capitán, apenas puedo enderezar mi nave. Tengo lágrimas de madre en mi cubierta, y silencio de padre en mis bodegas. Es una carga pesada y bastante dificultosa como para además luchar contra el viento.
Estaba solo, encaprichado, inmóvil en la mesa comiendo empanadas. Escuchando las mismas conversaciones que escuchaba hace ya mucho tiempo (años, siglos…eras geológicas han pasado). Y me conozco el repertorio, y me conozco las miradas. Pero soy muy unigesticular, cuando estoy incomodo, y ellos ya conocen cuando estoy así. Decido dar un puntapié a la trama, al titiritero del destino y ensayo una improvisada charla.
Yo: “Bueno…al menos tengo de que escribir”
Padre: “¿Cómo? No entiendo…”
Madre: “ME estas amenazando? Vas a escribirlo en el blog…”
Padre: “¿tenes un blog? Mira vos..”
Yo: “Te dije que tenía hace como dos meses papa”
Madre: “Bueno después mostráselo”
Yo: “Después le mando la dirección, mami”
Madre: “¿Qué lo estas echando? Todavía se queda”
Otro yo: “Ahhh claro…bien que después te tenemos que aguantar quejándote y puteando a todos, después no vengas a llorar…”
Yo: “Bueno después se lo muestro…como sigue esta película”
Madre: “Claro, porque él dice que él ve todo como si fuera la trama de una película, como si todo estuviera guionado”
Padre: “¿Y porque no seguís la carrera de cine?
Madre: “¿Y porque no te vas a la mierda G…? Lo que está haciendo es muy lindo y le va ayudar mucho en el futuro. Aparte tiene mucha salida laboral y cobran muy bien. Si por una subdivisión de mierda me pasaron $750. No, no tiene que dejar…no PUEDE dejar.”
Eyo: “quiero estar tranquilo…”(rompe en llanto)
Madre: “Es como te decía Fede…¿O no te acordas de lo que venimos hablando estos meses?” Yo (todos nosotros): “¿¿¿¿¿De papa????”
Padre: “que guacho… salió a mi…”
Madre: “Sos malo…” (se ríe para adentro aceptando el golpe)
Después de mi pequeño pinchazo a mi madre, me dispuse a decir buen provecho y a salir del cuadro. Como hacia hace tiempo. Hace Eras, cuando todavía éramos tres los que se sentaban a la mesa. Mi padre y mi madre siguieron hablando, pero eso forma parte ya de otra historia. Que decidí no escuchar, como ignoraba en su momento pasar por alto conversaciones que me eran intrascendentes, y luego terminaron por hacerme volcar mi barco. (¿Sera esta otra tormenta que se avecina?)
No quiero parecer pedante, ni caprichoso. Pero lo logro sin querer. Es inútil releer esto, sin decirme cuan estúpido soy y que porque no los dejo vivir en paz, que hagan sus cagadas. Puedo comprender los sentimientos que acaparan a mis padres, (cada tanto). Y sé que el pasado para ellos es una carga que la ven como insacrificable en sus vidas (¿ o no?...).
Las tormentas son hermosas, son productos de millones de energías entrelazadas en busca de un nuevo nacimiento. Y en esa búsqueda, arrasan con todo. La tormenta es una síntesis, un fin, y si ella quiere un comienzo. Algunas veces he deseado ser tormenta. Pero hoy no estoy tan Dadá.
Pero si estoy desprotegido, las gotas empiezan a mojarme la cara. Camino hacia atrás, y el tiempo se vuelve joven, o al menos no tan viejo. Y lo peor de todo…no traje paraguas.
Imagen: Familia. Bergman y su hijo Daniel filman una escena familiar. En segundo plano, su cuarta esposa, Kibi Laretai (años 60). Fuente http://www.elmundo.es/suplementos/magazin
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