
Sábado, me levanto como indica mi religión (presbiteriano cuántico), al mediodía. Sé que tengo que estudiar, lo vengo diciendo y lo vengo jurando que tengo que sentarme y ponerme a leer las materias y no perder ese tren que me costó agarrar.
Desayuno y casi almuerzo a la vez. Pizza casera. Teniendo unos minutos para conversar, antes de prepararme para ir a arquería, mi madre me dice al pasar luchando con una porción perdida de la bandeja.
“te dejo mas pizza preparada en el horno. Esta noche salgo con Laura, y me quedo a dormir en su casa, vuelvo mañana a la mañana. SI tenes que salir ya sabes cómo hay que dejar al perro”.
Interesante. Mi madre sale con una amiga. La casa sola…llamo a mi novia.
Antes de prender el celular me acuerdo. Ella también salía con amigas. Interesante. La casa sola. Mi novia sale con una amigas…llamo a mis amigos.
Mando el mensaje convocatorio. “hay algo para hoy?” No hay respuesta. Voy a arquería con un dejo de duda e incertidumbre, acompañado por un sol de noviembre que se olvido que estamos ya en Mayo.
Vuelvo mi madre ya no estaba. En mi celular figura su beso de despedida. Otro mensaje; mi novia. Ya la pasaban a buscar su amigas para irse a casa de una correligionaria. Las dos me dicen “Cuidate mucho, besos”.
Veo a mi perro, sentado en la mesa de la cocina leyendo un diario y tomando un té (mi perro cuando estoy con él se desenvuelve un poco mejor, o tal vez me envuelve una atmosfera mas lisérgica cuando estoy en soledad). Sin dejar de ojear su lectura me espeta.
“¿Nos quedamos solos no? Acordate que a las nueve tengo que comer, y después me tenes que sacar afuera. No se puede creer los crímenes que hay…”
La ultima parte no se si me estaba prestando atención. Llamo a mis amigos. Llamo, no mando mensaje, ya era la instancia más perentoria, en la que uno se desespera por hacer algo, o al menos se queda con la satisfacción de decir “bueno yo trate”.
“tenemos que ir a XXX, pero si surge algo te llamamos”. A esta altura me había parapetado en mi escritorio personal y empezado a estudiar tranquilo, bajo la luz de una tenue lámpara. Trataba de resumir los contenidos vistos, y realmente creo que llevaba buen ritmo. En eso entra mi perro sacándome la concentración.
“Parece que no te vas nada. Ya son las ocho. Acordate, quiero comer puntual, que después te hago las desgracias en la escalera”
Sacando una cerveza de la heladera se va agregando
“si me necesitas estoy en la alfombra del living limpiándome las partes”.
Sigo un tiempo más resumiendo. Despacio como queriendo meter todo en su lugar. Como un rompecabezas infinito que trato de armar, donde las piezas nacen y se reproducen continuamente.
Dan las nueve. Preparo la comida.
Al perro luego de hacerle ver que, si bien conmigo podía hablar y leer el diario, le serví la comida en su tarro habitual. Me daba un poquito de asco que coma conmigo en la mesa luego de usar su lengua como papel higiénico. Al menos accedió a lavarse las patas. En eso es educado.
Yo me preparé, lo que yo llamo “comida de soltero”. Lo suficientemente rápida para comer ya, lo suficientemente rica para no hacer otra cosa, y lo fundamental. Utilizando lo menos posible los utensilios de cocina accesorios tales como tenedor cuchillo y plato. Luego hay que lavar menos.
“Y pensar que antes te gustaba estar así solo conmigo. De sentirte dueño de la casa. Ahora pareces una mujer que se pasa la noche esperando que la llamen, mientras mira películas y come helado. En fin… los tiempos cambian. Me voy al patio a fumar un pucho”
Me quedo nuevamente en mi escritorio. Decido, sin embargo tomarme un descanso, hacer la digestión un poco más relajado (relajado algunas veces es mi segundo nombre).
Prendo un poco la televisión. Entre noteras que arrancan una nota en una playa nudista y luego se bañan en bolas en el mar, pasando por un boxeador bailarín, para terminar con una animadora sexual en un boliche de zona oeste, se pasa un tiempo considerable.
Apago el aparato, notando que mi perro se quedo viendo conmigo los últimos minutos de programa.
“En fin ya estamos viejos…bah, yo viejo vos…”
Y no completa la frase, se va al living a dormitar un poco.
Decido completar un tema que deje colgado antes de comer. Mientras lo estudiaba y lo resumía. Las gotas de la canilla se sumaron a mi psicodelia. Todavía negras de la tinta que derrame al cambiar un cartucho, decían o susurraban.
“plic…plic…ponete una de Charly…plic…plic…aprende a cambiar un cuerito…plic…plic...”
Constantemente, el mismo eco, el mismo retumbe en la bacha que no me dejaba concentrarme.
Finalmente, a duras penas acabo de resumir lo que quería. Dejo prendida la radio para que el agua que pierde mi canilla este contenta, saco al perro, que se queja que hace frio y sale con sus puchos en el bolsillo.
Al volver a casa, prendo la maquina y me dispongo a ver una película. Hasta que alguien me llame, aunque sea para saber cómo estoy. Me voy a quedar dormido seguro. Lástima que no compre helado.
Al final una hace tanto y la descuidan de esa forma...
Ilustracion: de la pagina del restaurant Park Avenue http://www.parkavenuebargrill.com/
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