Creo que la odio. No se, mas bien es una molestia pegajosa que sube por mi piel, se introduce por mis poros, y me quema por dentro. Con esa llama lactea que tanto aborresco.Las noches de imsomnio, cuando el tiempo avanza lentamente, como costandole vencer la fina capa de indolencia que filtra estas noches.
La aborresco. Si eso es. Maldigo estas noches en que mi sangre es vendida a bajo costo, las noches en que los insectos se guarecen de mis manos asesinas. (¡Oh!, como quisiera ser uno de ellos). No puedo dormir, no puedo viajar a ese mundo que tanto anhelo. Mis manos, impuras exhalando barro por cada orificio, me impiden desplegar mis alas.
Y las marcas dejadas por las sabanas tras largos años, milenios de haberlas usado, se entremezclan con la ponzoñosa vision de fuegos y de danzas y ritmos nuevos. La realidad, si todavia estoy en ella, se entremezcla con ese fango irreverente que me mantiene humedo y latente, expectante.
Y estoy en pequeñas, microscopicas murallas de polvo. Afectado por una alegria inusitada, prolifero mil canticos en idiomas nuevos, viejos o mejor aun inventados. Doy gracias a los dioses y hago sacrificios sobre mares enbravecidos por las tormentas veraniegas. Soy yo, quizas un espritu dicotomico. Soy solo aquel al que el verano le trae los vientos sofocantes del recuerdo.
¿O habra otros como yo?
Noche de verano, en un pequeño punto de una ciudad indescifrable. Una tela de araña dondese encuentran atrapadas todas las sensaciones que tuvimos o tendremos. Noches confusas de placer y odio. Noches como esta, que estupido lloro por amores imposibles e inventados. Y efimeros tambien ya que su recuerdo se evapora por accion del viento. El verano, es en realidad la estacion del olvido.
Ilustracion: "Persistencia" de Salvador Dali
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