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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cuentos para dormir con luz(Parte II)


Hombre en Gabardina (texto en 4 gritos)

1-

Hombre caminando por una calle transitada. Se lo ve trasnochado, mal vestido. Se nota por su mirada medio perdida y por su olor a cigarrillo, que no durmió bien. Pero pasa desapercibido en esa maraña de hombres mal dormidos y mal vestidos que pululan a esa hora de la mañana. Fuma su tercer cigarrillo del día, para poder calmar sus nervios, y poder pensar con claridad. Su alta estatura parece empequeñecer, ya que camina encorvado, como tratando de esconderse en el fondo de su abrigo. Solo mira adelante y apresura el paso, está llegando tarde, y su gabardina sucia y arrugada parece volar con el viento. Llega al bar, con las manos temblorosas pide café y enciende otro cigarrillo.

2-

Entra ella, y lo reconoce de inmediato. El único tan desarreglado, como para arrugar su saco sentándose encima de él. Intuye que pasó la noche despierto, y sus ojos cansados y enrojecidos lo confirman. Cuando la ve apaga el cigarrillo, no dice nada espera que ella se siente, dejandose caer, como una hoja cae al piso. En la mirada de ella se trastocan recuerdos y odios hacia ese hombre. Una sorpresa incomoda para ella, que ese hombre de su pasado, de su sepultado pasado este al lado de ella. Ni siquiera soporta la mirada tosca de esos ojos cobrizos, mirándola con burla, de esa barba desarreglada de días que no tiene intención de irse. No, esa bazofia humana no puede estar con ella ahora. Ni nunca.

3-

Siempre me considere una mala persona. No por decisión sino más bien un mandato. Debía ser ruin y a su vez repulsivo. Todavía no puedo creer que ella, aun conociéndome de toda la vida, y sabiendo lo hijo de puta que puedo ser, haya venido. Apago rápidamente mi cigarrillo, ya que ella lo detesta, aunque seguramente se descompondrá de solo verme. Tengo que admitirlo, me merezco todo lo que ella esté pensando ahora. Se lo que piensa, porque yo tengo la misma descripción de mi. Traidor, lascivo, vil, manipulador, escoria humana. Solo que yo ya me acostumbré a esa carga, y ahora que han pasado los años y puedo decirlo, me ha empezado a gustar. Se sienta enfrente mío, y puedo ver su mirada asqueada por lo que tiene delante. No es para menos teniendo en cuenta la noche agitada que tuve, y lo que me costó enterrar esos cuerpos. En fin, dejo esas imágenes para otro dulce momento, ella ya se está impacientando y quizás arrepentido de encontrarse acá.

4-

No es una decisión acertada la que toma este sujeto. Sino mas bien impulsiva, como impulsiva fue toda su vida. No piensa, no le gusta pensar, lo considera un insulto para su naturaleza. No es cortés ni simpático, pero puede mantener a la mujer cerca de él, para decirle esa breve frase que pensó la noche anterior. No es una frase reveladora, pero no pudo ocurrírsele otra mejor. Deslizando un sobre de su gabardina, lo pone en la mesa y le susurra "Encontré a tu maridito". Se levanta de la mesa y sale del bar, dejando a la mujer petrificada mirando el sobre. Si bien el hombre no es inteligente, tiene la memoria suficiente como para que la mujer haga lo que él quiera. Alcanza a escuchar algunos gritos a lo lejos. Y sonríe, no puede evitarlo. Sube la calle, no pudiendo evitar compararse con esos restos humanos que ayer desmembró. Sabe que su destino no puede diferir mucho. Y sonríe, quizás porque ha dejado toda su humanidad, lo poco que le quedaba en esas fotos. Quizás la haya enterrado también junto con los cadáveres. O mejor aún, nunca la tuvo…

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