
Una vuelta de tuerca (Cortázar sangriento)
—No es tanto que ya no sepamos hacerlo...
—Sí, sobre todo eso, no encontrar una buena forma de darle un remate
—¿Pero acaso lo hemos buscado desde el día en que lo trajimos aquí?
—Tal vez no, y sin embargo cada mañana que se despierta me mira como querer terminar todo. Estoy tentado a darle el gusto
—Puro engaño, llega el momento en que uno se mira como lo que realmente es. El espejo nos devuelve la mirada de un caníbal, y ya es tarde.
—Quién sabe, yo todavía no quiero hacerlo. No de esta forma. tan...sucia.
—No basta con quererlo, si además no hay la prueba de lo que hicimos. Estamos impolutos. Las manchas de nuestra alma permanecen segura dentro nuestro.
—Ves, de nada vale esa seguridad que tanto te caracteriza cuando te ves a ti mismo como una mierda. Cuando no tenés ni siquiera una evidencia de lo que fuiste.
—Cierto, ahora cada uno exige una evidencia frente a lo que podríamos llegar a ser. Como si nuestro acto de caridad no valiera nada. ¿No entiendo? ¿Para qué lo besas? algunas veces pienso que eres más macabro que yo.
—Como si besarse fuera firmar un descargo, como si mirarse con pena y ternura fuera pecado en una situación como esta. Trato al menos de hacerle creer en las esperanzas. En lo fortuito de su situación. Aparte...¿Y que si me siento atraído por su piel?
—Debajo de la ropa ya no espera esa piel que te "atrae". Espera un monstruo que esta germinando. ¿No lo sientes como grita? Tus caricias nocturnas no hacen más que avivar el incendio de su insania. Eso es peor que tenerlo sin comida.
—No es lo peor, pienso a veces; hay lo otro, las palabras cuando le cortábamos en finas tiras su cuerpo. Hay que admitir que a veces estamos poseídos en un frenesí visceral. Ya no tenemos retorno. ¿Recuerdas como llegamos a esto? Los dos empapados de sangre en la estancia de tu tío. Nos gustaba el ruido de los pollitos
—O el silencio, que entonces valía como calma luego de un frenesí. Para que el sistema se calmara. Para que nuestras de voces se acallaran. AL fin y al cabo creo que fue aquella noche en lo de tu tío, donde toda historia cerro.
—Sabíamos abrir la ventana apenas ellos se acostaron. Nos costó mucho no hacer ruido
—Y esa manera de dar vuelta la almohada buscando sus bocas, grotescas fauces donde salían ruidos, como de cerdo. Eran cerdos. Ese primer vomito de sangre fue especial...
—Como un lenguaje de perfumes húmedos que nos devolvió la vida. Se nos alojo en nuestra nariz, se nos clavó con un clavo oxidado. Y nunca se fue.
—Gritabas y gritabas mientras yo golpeaba la cabeza de tu tía con mi martillo. Nunca te vi tan desquiciado
—Caíamos en una misma enceguecida avalancha hasta que por fin todo fue quietud. Nos acurrucamos uno al lado del otro a los pies de la cama.
—Yo esperaba escuchar eso que siempre me decías cada vez que había tormenta "Tranquilo, solo cierra los ojos y estarás en tu lugar feliz"
—Y jugar a dormirse entre nudos de sábanas y a veces, quizás acostarse entre los cuerpos aun calientes. Hacia tanto frio...
—Si habremos insultado entre caricias el despertador que nos saco de tan hermosa experiencia, y nos indicaba que ya la noche había acabado.
—Pero era dulce levantarse y competir por la sierra, a ver quién era el primero en usarla.—Y el primero, empapado, dueño de la toalla seca que luego se humedecía con ese liquido rojo que tanto nos llamo la atencion, siempre.
—El café y las tostadas, la lista de compras, y eso sí, siempre comíamos aparte de nuestra sala de juego. Siempre tuvimos estómagos débiles.
—Todo sigue lo mismo, se diría que igual
—Exactamente igual, sólo que en vez en cuando me da por un anhelo de volver el tiempo atrás—Como querer contar un sueño que después de despertarse se lo acuerda a medias. Y es hermoso porque justamente se está olvidando.
—Pasar el lápiz sobre una silueta, repetir de memoria algo tan arraigado en nuestra columna. Se puede volver mal habito.
—Sabiendo al mismo tiempo cómo nos gusta y que no podríamos vivir sin esa sensación, tan única. Tan vibrante...
—Oh sí, pero esperando casi un encuentro con esos ojos que tanto se hacen esperar. Y el ver como se cierran al compas de tu cuchillo.
—¿Un poco más de mermelada y de café?
—Gracias, no tengo apetito. Sabes que no me gusta llenar el estomago cuando tengo que jugar con nuestro invitado. Ya vuelvo
(Las oraciones en italica corresponden al texto original de Julio Cortazar)
Como un baño Tibio
Sí, creo que tienes razón. Me dejaré de jugar ya, e iré directamente al punto, ya que el olor me está empezando a afectar a mí también. Tienes razón al pensar en que no te dejaré ir con vida, y no soy de mentirte. Nunca lo hice y no voy a empezar haciéndolo justo ahora. No llores, ya que te moverás más de la cuenta y sangrarás más. Voy a matarte si, pero no significa que he dejado de quererte. ¡Mierda, si aun me enloquezco con tu boca, por más que este llena de vomito y sangre! No pidas explicaciones, en este punto son inexistentes. En realidad, no tengo un porqué. Solo un impulso, una punzada, como eléctrica recorriendo cada musculo. Para terminar en mis manos, en mis dedos. Cada vez que agarro un cuchillo me pasa eso. Algunas veces me controlo mejor que otras, pero la sensación de verte redimido en sangre era simplemente maravillosa. Eres un ser tan hermoso, un instante mas y todo seguirá su ciclo. Cierra los ojos. No llores, ya no. No hay dolor, no estás en una cama ensangrentada...Imagínate...que estas tomando un baño tibio. Déjate llevar. Esa dulce sensación que te duerme. Eso es mi querido, te dije que no dolería. Puedes quedarte un poco en la cama, mientras arreglo el desorden. Si tienes paciencia te preparare una sorpresa para cenar.
Foto: Portada del libro "Orgullo, prejuicio y zombies"
No hay comentarios:
Publicar un comentario