Buscar este blog

martes, 25 de agosto de 2015

Desempolvando (IV) - Marcas de escritorio


Buenos Aires, dos y media de la mañana. A los lejos se escucha una tormenta, un duelo de oboes y timbales gritan en ella. No se porque me imagino oboes y timbales en una tormenta. No debe sonar ni parecido. Pero los imagino, allí están y su sonido son las finas gotas que apenas si rozan las plantas.
Trae algo mas la lluvia, es un espectáculo único el que vivo. Me trae mi pasado. Salgo desesperado a la calle, con un golpe violento cierro el zaguán, y veo. Allí están mis vecinos de antaño tomando el fresco de la noche con sus sillas sacadas a la calle. Los negocios todavía abiertos, están colmando de gente, son pequeñas luciérnagas en medio de una calle oscura, un túnel de obsidiana que se mete en lo insondable.

Todos están ahí los conozco de toda la vida. Incluso Jesús. Si como oyen, Jesús era mi vecino Ahí esta con sus pantalones descosidos, su camisa blanca toda raída y descalzo, porque como buen Jesús tiene que andar descalzo. Están ahí, no partieron nunca. El que se fue soy yo y ahora estoy volviendo.
Pero...ahora que pienso bien, ese no era mi pasado. No se porque recuerdo a viejos sentados afuera de sus casa, si en realidad mi antiguo barrio siempre fue cerrado, taimado, Como el monte, pero sin arboles. ¿Como voy a hacer vecino de Jesús? eso es blasfemia!,A lo lejos, oigo los cantos de los curas caminando por mi calle para exorsisarme del demonio que llevo dentro.

Porque me culpan de algo que no es mio?, en algún lugar se equivocaron de recuerdo, exijo ver a un encargado!. grito, grito como si gritara por primera vez, como queriendo probar mis cuerdas vocales. Como queriendo entender la vida toda. Grito.

Despierto en mi escritorio. Buenos Aires, cuatro menos diez de la mañana. Un sueño y un ruido monótono. Apago la computadora. Otra vez me quede dormido en mi escritorio. Otra vez se me formo una marca en la frente, que no saldrá. Se quedara, como se quedan los culpables , para ver si son apresados. 

Afuera sigue el viento. Se escuchan voces en la lejanía. Con un murmullo salgo a la calle. Desierta, como si esperara otra cosa. Oscura, como justificándome de algo que no era cierto.

De pronto, se acerca alguien. Lo reconozco como tantas veces. Jesús. Pero cambio ahora esta pelado y un poco mas gordo. Pero sigue descalzo. Me desespero, le inyecto una mirada frenética y le pregunto por mi recuerdos, quien los tiene, donde se han ido.

Me mira perplejo. Se prende un cigarrillo y me dice. 
"Pibe, ¿vos todavia crees en la propiedad de los recuerdos?"



Imagen: thetwincitizen.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario