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martes, 25 de agosto de 2015

Desempolvando (II) - Bocetos de un nacimiento



Quizás me agarre de vez en cuando. De vez en cuando algunas veces, hay un grito profundo.
Una sensación, un sentimiento que pide demencia. Reverbera dentro mio ,es como un niño primero pidiendo permiso, pero me agarra me hace suyo, su prisionero como un dictador infame.
En estas noches de calor, un sentimiento ha crecido, amamantado por las pocas lluvias y las pegajosas noches, se ha convertido en adulto. Deforme sin sentido, al verlo no puedo evitar hacerme a un lado de tan grotesco espectáculo.

Pero soy yo, yo soy ese sentimiento en parte, soy esa persona que me veo en la clepsidra bifurcada y me exclamo a mi mismo "De noche, de día, siempre tendrás sed, tu y tus vagas palabras son vacas muertas, yo soy instinto, déjame libre".

Por un momento me compadezco, lloro con el esas lagrimas evaporadas por las altas temperaturas. Lo acaricio como si fuera mi hijo. Es en parte mio.

Pero nada mas, vuelvo a la quietud de la noche veraniega. Me sacudo el poco polvo de vacuidad instintiva que me queda, me hundo en un sillón y veo una película de trasnoche.

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No lo voy a negar, es mi culpa. Debe serlo, de algún otro modo, estos ciclos repetitivos no serian tales. Algunas veces pienso, recuerdo, que soy un prisionero del azar de la vida, de los designios de este soberano tirano y corrupto que nos trae al mundo y nos dice "vivan" y luego nos saca la música.
Pero no. Ese tirano vive en mi. En mi pecho esta su trono y manda sus ordas de infames designios a tentarme con maravillas para luego sacarlas. 

Soy un simple juglar, un simple mozo de cuadra, al que se le prometió un futuro venidero, una gran aventura. Yo juglar (aunque me gusta el titulo de bufón), esperanzado me imagino sueño.
Un sueño como ningún otro. Sueño la perfección efímera de un beso, la solemne música de cuerpos entrelazados, las agitación, palpitaciones y reverberaciones, de seres unidos con un ubico pretexto: el goce de sus tentaciones. 

Me despierto, claman mi nombre en el salón del trono del tirano. Llego. Y al ver sus caras burlonas y gestos de desprecio comprendo. 

Comprendo que fui otra vez manipulado por el azar. Que fui engañado por el sacerdote de la blasfemia, que es el tiempo. Yo y ningún otro, me encuentro recluido, inmerso en el lodo, mi hogar mi único refugio inalienable. 

Pero no me engaño. Yo elegí a ese tirano. El único tirano que se elige seguir. El único que nos seduce una y otra vez y como ganado entramos en su matadero. Ese es el azar. Ese es mi rey.

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