Se despierta con la intención intangible de realizar un robo nocturno. Una cacería de lo inaudible. Volver al baile oxidado de viejas alegrías, que en la temprana madrugada otrora danzaba. La casa se encuentra en penumbras, completamente cubierta por un manto negro y sin ningún sonido. Esto ultimo le parece desalentador ya que siempre prefirió un tenue rayo de luz colándose por las ventanas a la completa oscuridad. Una vaga pregunta le empezaba a erosionar lentamente su cabeza ¿Seria capaz?
En su ajetreada mente siempre prefirió a las viejas maquina dactilograficas, ya que aseguraba la presencia de un alma en esos vetustos aparatos de metal. Las nuevas tecnologías y su etérea omnipresencia a sus ojos representaban meros remansos donde las palabras no encontraban mas que sitios pasajeros donde posarse. Aspiraba a la eternidad, sin embargo sabia que su única posibilidad esta noche seria enredarse en la telaraña digital a la búsqueda de algún verbo desprevenido. Encendió su computador y espero pacientemente.
Al rato se dió cuenta de lo improbable de su cometido. Conocía las limitaciones de su empresa, su propio cuerpo le decía que el paso del tiempo había carcomido su capacidad de capturar las palabras deseadas. Había perdido plasticidad en este juego. la pantalla reflejaba un punto titilante en un fondo blanco, una creación inconclusa. En esos momentos de indefinición creativa, deseaba con ansia algún suceso fútil que le marcara la punta de ovillo. Pero estaba solo en la habitación oscura y la pantalla blanca seguía mostrando ese insolente punto titilamte.
Conforme pasaban las horas y empleando algunas artimañas (como por ejemplo leyendo algún pote de yogur vencido o suplicandole a su gato que le maulle alguna verdad irrefutable) pudo conseguir que algunos vocablos confundidos le creyeran. Sin embargo, sabia que no podría compararlos con las presas que supo cautivar tiempo atrás. Estas eran avecillas que acababan de salir del nido, hasta le dio lastima embaucarlos de esa manera. Conformar un texto tan mediocre, a estas horas de la noche.
Pero fingió satisfacción, y la faena fue completada con total ligereza. Quizás sea cierto lo que los duendes de la plaza le dijeron. Que hoy en día nadie busca el verso perfecto, que ya no hace falta padecer miserias para escribir mas o menos bien, puesto que hoy dia nadie escribe. inconciente al negarse a prescribir.
Que su mundo de fantasía estaba destinado al olvido, siendo él un
Se disponía a volver a su mundo de conforme habitualidad. A guardar sus gastadas herramientas. Tal vez el mismo haya vuelto a ser un polluelo que todavía aletea en el nido sin poder volar. Antes de que la habitación vuelva a estar en penumbras oye a su gato que sin moverse del sillón cerca de la estufe le dispara: Quizás, quizás, quizás. Se fue a dormir con la duda de si era una respuesta o el felino estaba tarareando otra vez dormido esa famosa canción.
Fuente de imagen:https://cuentodepinocho.com/category/cuentos-de-pinocho/

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