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sábado, 21 de mayo de 2011

Un grito a viva voz (femenina)


Haciendo un alto en mi práctica religiosa de hundirme en un sillón y broncearme con el frio resplandor de mi monitor, he decidido, casi por lastima hacer un post en este espacio. Se puede ver una seguidilla de cuentos cortos que fueron una experiencia gratificante para mí, y que quiero prolongar, pero en este momento no puedo meterme en la piel de un asesino, o de un violador. En fin solo me queda estar atrapado en esta humanidad tonta, que revuelve la heladera a la madrugada para encontrar mágicamente algo dulce. A falta de un mejor pretexto que estar todavía naturalmente despierto (ya que inconscientemente estoy desconectado hace rato) quiero publicar aquí un descargo, que no tiene un destinatario en particular, más bien me da ganas hasta de gritárselo a cualquiera.

Ya es una realidad que me cuesta encontrar palabras apropiadas a mis pensamientos. No por una evolución que me permita comunicarme por sensaciones y pensamientos, sino mas bien porque me volví pelotudo. Me deje estar, me oxide. Las palabras están enojadas conmigo, ya no me buscan. Es un hecho que el no buscarlas, el no jugar con ellas como antes lo hacía, hizo que se alejen, quizás a jugar con alguien más. Es por eso es que estoy experimentando envidia y celos. Hoy soy una amante despechada, con el rímel corrido. Por ellas ya no están conmigo y yo acá sola, con esta estúpida canción y este pucho que todavía tengo a medio fumar (N.E: el autor de esta nota deja en claro su devoción por los pulmones limpios, cosa que parece no importarle a su costado femenino que se fuma una caja de Luckys por día).

Pero me rehúso, y como una estúpida me dejo llevar con la esperanza de que si hago las mismas cosas que hacia entonces, ellas volverían y jugaremos y cantaremos. Haremos el amor en ciénagas de fantasía, en escenarios sangrientos con aroma a Lirios. Intento por lo tanto, escribir, salir a cazarlas como decía yo (por favor, ¡que estúpida!) y realizo un boceto de lo que me piden. Un patético borrador de informe, para una infame materia, de un oscuro lugar.

El resultado no puede ser peor. Una a una las palabras son desmembradas, aniquiladas. Las dejan ensangrentadas en la hoja de papel. Prisioneras de manchones de tinta y borrones de lápiz. No, lo que hice está mal, elegí las palabras equivocadas. Fueron reemplazadas sin embargo por otras más frías, mas calcáreas, como las columnas de un mausoleo. Frías y muertas.

“No te supiste expresar” Me dicen tanto antiguos profesores barbudos y pedantes, incluso lo sugieren mis compañeros, traidores lambiscones. Todos mofándose, como si fuera un cuasimodo tartamudo que solo se sabe expresar con guturales ruidos para mendigar lo más básico. Quizás si le tiran un pedazo de bofe o alguna ropa mal oliente y sucia, yo la reciba con agrado y la coma o la use con placer. Pobre tonto, estúpido que no sabe expresarse en el idioma de los técnicos.
Y quisiera gritarles, escupirles y hasta cagarles encima. Me gustaría verles el rostro manchado de mi bilis mientras me desangro gritando con todas mis fuerzas.

PELOTUDOS, YO SE EXPRESARME, PERO CON PALABRAS VIVAS, CON DONCELLAS E IMPUNES CORTESANAS QUE VIENEN A MI CAMA CADA NOCHE. NO CON PUTAS BARATAS, PAGADAS O ALQUILADAS A ALGUIEN QUE YA LO DIJO Y MEJOR. SON PATETICOS, REPITENDO LA MISMA FORMULA CON FRIAS MANIFESTACIONES, QUE NO SON CAPACES DE HACER CRECER NI UNA LAGRIMA NI UNA RISA. ¿Y ME DICEN ESTUPIDO? USTEDES LO SON. NO BUSCAN LA PALABRA PERFECTA, SU FRIALDAD LOS INHIBE DE BUSCAR NUEVOS HORIZONTES Y SOLO SE QUEDAN CON BARATIJAS DE SEGUNDA MANO. TODO SE PUEDE EXPLICAR CON UNA LAGRIMA O CON UN JADEO. DESDE UNA MELODIA HASTA LAS TOLERANCIAS EN ANGULOS HORIZONTALES. MUERTAS SON SUS PALABRAS, DICHAS POR USTEDES EN SUS LENGUAS GANGRENADAS. IRE POR MI SENDA, TRATANDO AL MENOS DE SEGUIR SIENDO ESTE ESTUPIDO MAL HABLADO QUE TANTO ODIAN Y ABORRECEN. ASI ME SENTIRE MEJOR…

Como tantas veces, me sorprende el ruido de la heladera funcionando y la música todavía viva en los parlantes. Juro que he estado tranquilo, y la verdad no tengo de que quejarme. No me quejo demasiado, solo cuando mi perro me deja las cenizas de sus puchos en mi habitación. Quizás estaría mejor si pudiera escribir mejor, si pudiera ver de nuevo bosques y pantanos. Tal vez, por eso la madrugada todavía me parece el único lugar para poder salir en su búsqueda...

A estas horas de la noche suelo ser mas de una persona. A veces soy amante; otras niño. Pero algunas veces, como hoy soy una mujer que esta con el periodo y necesita expresarse. Calculo que en unos días voy a estar fresca y vivaz como siempre.

¡Besitos!


jueves, 17 de marzo de 2011

Lajas (textos para dormir con luz IV)



Manuel se sentía avergonzado de esa situación. Tantos meses de planificación, de nervios, de imaginarse revolcado junto a su novia en algún pastito verde, para terminar caminando por las calles fangosas de ese miserable barrio.

Cumplían un año de novios, y para pasarlo tranquilos, lejos de la mirada inquisitoria de su suegra, decidió llevarla a Sandra, su novia, a la casa de su Abuela en Las Lajas, un pueblito perdido de la Pampa bonaerense, del que guardaba hermosos recuerdos de su infancia.

Si bien hace mucho que no iba, estaba seguro de encontrarse con un feliz pueblo donde toda la gente se saludaba y donde siempre había un árbol disponible para descansar a la hora de la siesta. Lleno su bolso de remeras, un par de calzoncillos y junto a Sandy partieron hacia el lugar.
La llegada no pudo ser más desalentadora. Con un cielo plomo, un viento implacable y la calle principal totalmente descuidada. Había lugares donde la maleza había reemplazado al concreto conquistando su lugar que le pertenecía haría eones. Pero lo más llamativo fueron los lugareños. Los pocos que todavía quedaban. Los observaban, estudiando la mirada, como queriendo oler la intención que delataría a los dos viajantes. No decía nada clavaban sus ojos castigados por el viento, y se metían presurosos a sus casas.
Anochecía, y por lo tanto Manuel decidió emprender hacia la casa de su abuela. Esta estaba deshabitada hacía ya unos años. Su abuela ya no vivía allí por problemas de salud, quedando la casa sola a merced de una pobre señora que apenas podía mantenerla en pie una vez por mes.
Por lo pronto la casa no estaba tan mal, se la imaginaban peor. Si bien la cama principal era inutilizable, podían tirar un colchón con sus bolsas de dormir en la sala, al calor de una gran salamandra que allí había. Tenían suficientes leños en el garaje, y comida para cenar y desayunar. Al otro día harían las compras.

Pero esa noche fue desastrosa. Los aullidos que se escuchaban afuera, impidieron todo acercamiento amoroso de Manuel hacia Sandy, ya que ella estaba sumamente atemorizada por esos sonidos. El, quiso calmarla aduciendo que en ese lugar nunca hubo lobos ni nada parecido, aunque se quedo mudo, cuando su novia lo interpelo, por el origen de los aullidos.
Lo más raro, no eran los aullidos, sino que además se escuchaban a lo lejos como una mezcla de relincho y bufido, seguido por un cabalgar vertiginoso, como si una tropilla entera de caballos estuviera dando saltos. En fin, el cansancio del viaje pudo más y los dos terminaron por dormirse, no sin antes revisar juntos todas las aberturas de la casa.

La mañana los sorprendió con los últimos fuegos del hogar, y con el aroma de humedad que provenía del exterior. AL abrir la puerta, se encontraron que había llovido la noche anterior, y escucharon el reconfortante sonido de los pajaritos cantando en las ramas de los arboles.
Este fraternal canto motivo a Manuel a apurar los preparativos de una pequeña expedición que tenía planeada a un arroyo cercano al pueblo, donde recordaba haber pescado algún que otro bagre.
Sandy, todavía atemorizada, se dejo influir por los besos y mimos de su novio, y al promediar el mediodía emprendieron la marcha. Ya en los primeros minutos, Manuel advirtió que la mayoría de las calles que tenían que pasar estaba regadas por el fango provocado por la lluvia, así que trataron de ir lo mas cautelosamente posible por las veredas de laja granítica que había en ese lugar.
Por eso el nombre del pueblo. Otrora una cantera de canto rodado prospera, el pueblo Las Lajas, llego a tener pavimentadas todas sus calles con este material, lo que le hizo acreedor de su nombre. LA cantera cerró hace muchos años y los discos de piedra lisos y blancos se fueron perdiendo, o robando a medida que pasaban los años.

Manuel y Sandy apenas si avistaban un par de las originales, a pesar del fango. Las calles nunca se re pavimentaron y los vecinos empleaban cualquier elemento para suplirlas. La pareja llego a ver incluso el chasis entero de un camión que servía de “puente” entre dos esquinas.

Lo que más llamo la atención a Manuel, es la ausencia total de gente. Las casa estaban todas cerradas herméticamente y no se escuchaba ningún murmullo. Pero se notaba que había vida dentro, ya que sentían las mismas miradas que los recibieron, en algún punto de las ventanas.
Sin querer, se habían internado por un lugar desconocido para Manuel, donde no tenia referencia alguna, donde sus calles parecían lombrices enroscándose en la tierra mojada y las casas parecían emerger como hongos blancos del barro. Daba pena admitirlo, pero estaba perdido. Lo peor es que cuanto más andaban para buscar alguna persona que los oriente, mas perdidos resultaban, ya que desembocaban en nuevos lugares. Como si la escenografía de un teatro cambiara instante a instante.

De repente, una sombra se movió detrás de ellos, y un sujeto grotesco, baboso y desdentando, un viejo loco enmohecido, se les tiro encima, gritándoles con una voz chillona, que dejaba oler su aliento a grapa.

“¡¡Miren las lajas, las lajas!! Las mas chiquitas, las blanquitas, va a llover pronto…no hay tiempo…”

En eso una mujer grandulona, pesada, moviendo todo su cuerpo con gran dificultad, agarro al viejo y se lo llevo dentro de una casa. Les dedico una última mirada como de juez verdugo, con una advertencia incluida.

“No son de aquí, váyanse. Antes de que llueva, es peligroso. No son bienvenidos aquí. Ellos ya los huelen…”

Y cerro de un portazo.

Sandy ya estaba aterrorizada. Tironeaba del buzo de Manuel hasta casi romperlo, empujándolo para hallar una salida que los lleve devuelta a la casa. Manuel, ciego, no terminaba por caer en la situación. No sabía que camino agarrar, ni mucho menos hacia donde querer ir. Si solo hubiera una referencia.

Casi por accidente divisaron una manchita blanca en medio de la vereda, y más allá otra. Se dieron cuenta que a ellas se refería el viejo loco, y sin otra cosa que se les viniera en mente, optaron por seguirlas. Al poco tiempo de caminar, se escucharon los primeros truenos, y al rato empezaron a caer gotitas finitas, amenazando con convertirse en temporal.
Apuraron el paso, hasta una esquina de la que Manuel se acordaba (allí estaba el viejo almacén), cuando un pequeño perrito, cachorro se les cruzo.

Sandy, no pudo ocurrírsele otra cosa mejor que tratar de agarrarlo, para acariciarlo (siempre fue una pequeña niña), pero de repente noto los ojos del perrito inyectados en sangre, tirando baba repentinamente por su boca. De un tarascón mordió la comisura de la mano a ella, sujetándola con fuerza.

Manuel desesperado, olvidándose de la seguridad de su novia, pateo al perro con todas sus fuerzas. Este cayo lejos, dando tumbos en el lodo, levantándose débilmente como un monstruo de barro y pelo, mortalmente herido. Alcanzo sin embargo a emitir un aullido, un grito viscoso que se les clavo en la medula.

En ese momento, la esquina se lleno de perros, igual de rabiosos que el muerto, con los ojos explotando de sangre, y con los colmillos sedientos de carne fresca.
Sin pensarlo dos veces la pareja empezó a correr con todas su fuerzas, tratando de guiarse por las lositas blancas que iban viendo en su frenesí. Pero nadie le gana a una jauría de perros hambrientos y rabiosos, por lo tanto a los pocos metros ya sentían el aliento podrido de las fauces en sus nucas.

Por suerte, una jugada del destino hizo que se toparan con una pequeña tropilla de caballos. Los perros al verlos retrocedieron atemorizados y lanzando aullidos de desesperación. En pocos segundos habían desaparecido. Sonriendo Manuel se acercó a los equinos, pero en cuanto pudo examinarlos mejor, noto algo escalofriante. Los equinos estaban masticando un brazo humano, y tenían los mismos ojos rojos que los perros. Observo como la sangre cubría sus fauces, y la carne podrida de sus piernas.

Por suerte para ellos, la tropilla estaba bastante entretenida con su festín, y por la distancia pudieron pasar sigilosamente hasta guarecerse en un viejo almacén, en lo que parecía las afueras del pueblo. Se colaron por una ventana rota del primer piso, trepando un árbol. Para eso Manuel tuvo que ayudar a Sandy, que tuvo una infancia menos aventurera que el.

Al llegar, estallo un trueno muy cerca del lugar, y la tropilla de caballos estallo en lujuria y bestialidad y relincharon al unísono, emitiendo un sonido desgarrador, un eco mortuorio de la lluvia que ahora caía con pesadas gotas sobre la chapa del almacén.

Allí, más tranquilo, Manuel pudo examinar una de aquellas “lositas” que por casualidad se encontraba puesta en la entrada. Noto que no era piedra ni ningún mineral, sino mas bien…hueso. Se preguntaba de qué animal seria, y la desenterró, para luego horrorizarse, al comprobar que era un cráneo humano el que tenía delante de él.

Decidió no contarle su hallazgo a Sandy, que por ese entonces estaba buscando por las cercanías alguna canilla o algo para higienizarse su herida, que a estas alturas le ardía incesantemente. Tiro su descubrimiento a un tacho que había por ahí, y trato de concentrarse en otra cosa. Tratando de permanecer oculto de la muerte animal, que rondaba afuera.

Se preguntaba sin embargo, como había sucedido todo, y si en verdad estaba sucediendo. Trato de concentrarse una y otra vez, para tratar de despertar en su cama de un mal sueño pero no pudo. Sin salida por el momento, y para tratar de combatir la tensión decidió, a pedido de su novia, buscar algún botiquín para su herida.

En uno de los recovecos del almacén, encontró pilas y pilas de diarios. Ahora se daba cuenta. No lo reconoció por lo derruido que estaba, pero este era el depósito del diario “Opiniones” del pueblo.

Decidió parar en su búsqueda del botiquín y detenerse en algunos títulos que le llamaron la atención. Todos estos databan de no menos de 15 años.

“Hallazgo de veterinario local, pone en alerta a la comunidad rural”

“Nuevos reportes de jauría rabiosas azotando los barrios más humildes”

“el virus se esparce rápidamente, muy difícil el controlar la situación”

“Granjas desbastadas, gobierno nacional promete ayuda”

“Provisiones escasean, se implora no comer carne de animales muertos”

“Nueva mutación del virus, se cree que podría afectar a grandes mamíferos incluso al ser hu...”

En ese momento un silbido lo sorprendió. Al darse vuelto observo a su novia, mirándolo fijo. Por la tenue luz del exterior no llego a reaccionar, hasta que la tuvo muy cerca, de los ojos rojos y de los labios con espuma. Manuel no tuvo oportunidad, su grito se perdió entre los miles de ruidos que la orgia de barro y sangre estaba otorgando afuera.

Desde ese momento un nuevo terror azota la zona, se dice incluso que los lugareños atraen a personas desprevenidas al lugar, para usarlos de comida, en vez de ser ellos el alimento.

Si estás leyendo esto corre…porque ya te han olido.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Ciudad de Niebla (Textos para dormir con luz III)


No chavo, te dije que no tengo ni un mísero peso. Aquí en el campo no conseguirás dinero chavo mejor que te vayas a la ciudad. Pero ven, quédate un tiempo y hazle compañía a esta vieja, quizás te pueda pagar con otra cosa. Comida, puede ser, todavía me quedan algunos acocotes, pero estaba pensando en una historia. Ándale, que no estás tan grande para una buena historia de suspenso. Si, suspenso, ocurrió hace mucho tiempo chavo, cuando todavía era una niña. En un pueblo que ya no existe, más cerca de las ruinas que este todavía, por el camino de vacas. Allí vivía, hace muchos años, y quizás…quizás…


(La vieja se duerme y el niño se le acerca, hundiéndole el dedo en una de sus mejillas. La anciana se despierta sobresaltada, lo que provoca que el chavo se asuste, y caiga en su silla. La mujer no parece inmutarse y continúa su relato como si nada).


Hace mucho años, había un pueblo llamado Nocayebe en alusión a las ruinas noh-kaahyeeb, que significa “ciudad de niebla” en idioma de nuestros antiguos. Estaba cerca de aquí, y se encontraba bien adentro de la selva, solo era posible llegar por un camino de tierra que ahora lo usan los vaqueros para el ganado. Lo cierto es que un día arribaron cuatro forasteros (dos hombres y dos mujeres), de aspecto joven y entusiastas.


(Un leve viento comienza a levantarse y las cortinas de la choza juegan con el viento dejando entrever las colinas verdes de la selva).


Llegaron, dijeron por un desperfecto con el carro, que no podían arreglar y preguntaban por un teléfono. Por supuesto allí no había ninguno, y algunos no sabían lo que era. Mi padre que era un labrador de buen corazón les dio cobijo en nuestro hogar. A decir verdad ningún poblador quería a esos extranjeros, recuerdo que sus miradas eran toscas, con miedo y desconfianza, y respondían sus preguntas con simples monosílabos. Yo, niña todavía no prestaba atención a esos detalles, me la pasaba jugando con las gallinas y trepando a los arboles, como tu chavo lo haces ahora con tus hermanos. Por cierto, mejor que me arregles la rama del Guayabo, sino te voy a dar una tunda.


(El niño asustado, por el brazo levantado de la vieja, promete arreglarlo ni bien termine la historia. Afuera El viento ha crecido, y las nubes empiezan a cubrir las colinas lejanas. Habrá tormenta).


Ya en la noche, los forasteros comieron con nosotros, en el mismo fuego, ya que el lugar era pequeño. Ellos sintieron pronto la curiosidad y empezaron a interrogar a mi padre, que no quería hablar, pero sentía cierta lastima por ellos. Recuerdo que sus rosadas caras, se enrojecían aun más con el fuego, y entre sorbos de Xalapa se dio más o menos el siguiente dialogo entre los jóvenes y mi padre.


-¿Qué les pasa a los lugareños de aquí señor? Salvo usted todos están como nerviosos por nuestra presencia.


-No es por ustedes, sino por la niebla que baja de las montañas, es de mal agüero dicen. Han llegado en muy mal momento, ya solo nombrarla se me hiela la sangre…


-¿Por qué tanto miedo señor? Pregunto una de las chavas que creo se llamaba Vanesa


- Hay niña pues por la niebla. Aquí existe la creencia que ella existe desde tiempos remotos, desde nuestros antiguos. La niebla baja de la montaña y se lleva a cualquier persona, allá arriba. Las personas desdichadas son atraídas por algo y se pierden simplemente en la selva. Nunca se los vuelve a encontrar. Aun hoy, bueno cada tanto sigue sucediendo…


-Puras patrañas- Dijo un muchacho fornido de cabello rubio, al que todos conocían como “Yoni” o algo así.


-De andeveras señor, la niebla es peligrosa, por eso me vi obligado a darles cobijo. Les pido por favor que esta noche la pasen aquí. El fuego esta tibio y allí hay un poco de Mezcal. Pero por favor, no salgan ni que afuera se esté cayendo el mundo.


-No hará falta señor, aquí nos quedaremos. Estamos cansados y la verdad pretendemos llegar a Tulum mañana- Dijo Sabrina la otra mujer del grupo.


-De cualquier modo estaría interesante salir a ver a los espíritus en la niebla ¿No crees Vanesa? Dijo el último del grupo, un muchachote colorado. Creo que era…Mani o Maní no recuerdo. Esos extranjeros con sus nombres…


-Por favor, por Diosito. No salgan. No busquen lo que no saben comprender- Dijo rogando mi padre.


Después de esa advertencia el grupo se fue dividiendo y el fuego acallando. Ya para la medianoche estábamos todos dormidos. Mi familia en un rincón de la choza y los jóvenes todos apiñados en la esquina opuesta. Yo me había quedado asustada con los dichos de mi padre. Jamás había oído de aquella niebla, y nunca la había visto. Pero mi padre no era de bromear, así que debería de ser de andeveras.


(Afuera se ven las primeras gotas de lluvia. Fina casi como una sabana. Las nubes siguen bajando y ya las montañas parecen cubiertas por un manto. Invisible. El niño come entre tanto una Guayaba, escuchando atentamente a la vieja).


Como te decía chavo, era muy de noche y la casa estaba iluminada por apenas las brasas del fuego. Sin embargo, entre la calma y media dormida, oigo la puerta que se abre despacio. Con mucho miedo miro y veo a Vanesa saliendo. ¡No sabes cuánto miedo me dio al ver que afuera estaba La Niebla! Era espesa, era blanca, como un sudario.
¿Y a que no sabes que hice luego?


(El niño que estaba prestando atención despego la mirada de la anciana, y la centra en la ventana, que muestra la lluvia que empieza a caer y a las nubes rodeando el pueblo. Pregunta si la anciana aviso al padre lo que vio).


No no, nada de eso. La seguí. SI, como oyes me levante y en enaguas y descalza Salí al monte a buscarla. No sé porque, supongo que quería seguirla por curiosidad al ver donde se dirigía. El hecho es que al poco andar entre arboles y malezas, ya no podía ver nada, pues por un lado estaba muy oscuro y apenas podía distinguir las plantas, y segundo La Niebla me había alcanzado, me envolvía. En un momento no podía ver mas allá que mis manos entonces me desespere. Estaba perdida y con frio y estaba segura de que de allí no saldría. Más aun fue cuando empecé a ver figuras moviéndose entre la niebla cerca de mí.


(Un trueno suena en la lejanía, matando el monótono sonido del relato. El niño se sobresalta y continúa escuchando)


No podía verla bien, pero rodeándome y moviéndose sigilosamente, aparecian figuras, como personas. Aparecían y desaparecían en la niebla como evitándome, y a la vez acechándome. Allí fue cuando me desespere y empecé a correr sin saber el rumbo, corría por donde me dejara el aire, y no me detenía ni porque Diosito me lo pidiera.


Corriendo llegué a una zona boscosa, iba a saltar una raíz de un árbol muerto y podrido, muy grande, cuando una mano me atrapo. Grite y grite, pero al levantar la vista me encontré con que era Vanesa, la extranjera. Me dijo que ella también se había perdido y que quería volver al pueblo, ya que ella también vio a las personas dentro de La Niebla. Quise preguntarle porque se fue en primer lugar, pero me dijo que no se acordaba que en un instante estaba durmiendo y en otro estaba corriendo por el bosque. En fin, sentí pena por ella, ya que me pareció media mensa.


(En eso una ráfaga de viento entra por la ventana y tira unas cosas de la mesa. El niño ve que la anciana murmura algo al aire, y luego retoma la narración).


Ya siendo dos, estaba un poco más tranquila y juntas tratamos de volver sobre nuestros pasos. Cosa que fue imposible, ya que el lugar parecía cambiar detrás de nosotros. Lo peor, parecía encerrarnos. En un momento, llegamos a un claro y con la poca luz que teníamos disponible, logramos ver algunas ruinas. Casas de piedra que estaban allí desde hacia muchisisismos años, quizás pertenecientes a nuestros ancestros que habitaban alli. Vanesa sugirió pasar la noche en una de ellas, ya que era imposible seguir así. En la mañana seguramente volveríamos fácilmente.
No pude dormir muy la verdad. Tenía pesadillas sobre personas que me aparecían entre humos, algunas muy viejas algunas muy jóvenes. Todas sin ojos, con sus cuencas vacías. Al último estaba Vanesa, mirándome fijamente. Antes no lo había notado, pero ahora ella se me aparecía, también sin ojos en sus cuencas. Sin tiempo a gritar, sonrió, y me dijo “Despierta, ya es de día, pasó el peligro”.


AL despertarme, ya el sol estaba bien alto, y me encontraba sola en lo que era una casa. Ahora sin techo y llena de musgo. Oí que a lo lejos, estaban llamando a alguien y creí reconocer, entre otras voces a la de mi padre. Corrí en esa dirección. Al llegar, me encontré con el grupo. Mi padre, los extranjeros y unos vecinos. Pero en un principio no me prestaron atención. Entre ellos y yo había un pequeño barranco y en el fondo de este había un cuerpo de rubios cabellos. Los muchachos reconocieron a su compañera y estallaron en llanto. Mi padre sin creer lo que veía, trato de hablarme con señas, para ver si estaba bien. Estaban cerca de la raíz muerta que había tratado de saltar la otra noche. Hasta que Vanesa me jalo la mano.

Tardaron más de dos horas en llegar hasta donde estaba yo. Al llegar me preguntaron donde había estado, y yo les dije que con la chica, en unas ruinas pasando la noche. Me miraron sin creerme, ya que el cuerpo de Vanesa parecía haber estado toda la noche en el fango del barranco.
(Ya de noche, la borrasca hace que se apaguen todas las luces de la casa. El niño, con el desenlace de la historia y lo que ocurre allí afuera esta mas que un poco inquieto).


Te diré chavo, que a partir de ahí, siempre se me presenta de vez en cuando. Los extranjeros se fueron destrozados, pero ella quedó. En estas noches, más cuando baja La Niebla suele visitarme. Esta aquí desde hace un rato. Presta atención y la veras…detrás mío.


(En la oscuridad, y con la luz de un relámpago, el niño ve a una joven sonriente, pero sin ojos saludándolo. Parece muy bonita, y simpática, pero tiene todo su vestido mugriento y lleno de sangre. EL niño grita con todas sus fuerzas, y sale de la casa, a refugiarse en los gruesos brazos de su madre. La anciana, en su sillón en lo oscuro, ve a la selva toda rodeada por esa espesa cortina)


Al parecer creo que te quedaras toda la noche. Siéntate ándale, debes estar cansada. Hace mucho tiempo que no vienes. Platiquemos.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cuentos para dormir con luz(Parte II)


Hombre en Gabardina (texto en 4 gritos)

1-

Hombre caminando por una calle transitada. Se lo ve trasnochado, mal vestido. Se nota por su mirada medio perdida y por su olor a cigarrillo, que no durmió bien. Pero pasa desapercibido en esa maraña de hombres mal dormidos y mal vestidos que pululan a esa hora de la mañana. Fuma su tercer cigarrillo del día, para poder calmar sus nervios, y poder pensar con claridad. Su alta estatura parece empequeñecer, ya que camina encorvado, como tratando de esconderse en el fondo de su abrigo. Solo mira adelante y apresura el paso, está llegando tarde, y su gabardina sucia y arrugada parece volar con el viento. Llega al bar, con las manos temblorosas pide café y enciende otro cigarrillo.

2-

Entra ella, y lo reconoce de inmediato. El único tan desarreglado, como para arrugar su saco sentándose encima de él. Intuye que pasó la noche despierto, y sus ojos cansados y enrojecidos lo confirman. Cuando la ve apaga el cigarrillo, no dice nada espera que ella se siente, dejandose caer, como una hoja cae al piso. En la mirada de ella se trastocan recuerdos y odios hacia ese hombre. Una sorpresa incomoda para ella, que ese hombre de su pasado, de su sepultado pasado este al lado de ella. Ni siquiera soporta la mirada tosca de esos ojos cobrizos, mirándola con burla, de esa barba desarreglada de días que no tiene intención de irse. No, esa bazofia humana no puede estar con ella ahora. Ni nunca.

3-

Siempre me considere una mala persona. No por decisión sino más bien un mandato. Debía ser ruin y a su vez repulsivo. Todavía no puedo creer que ella, aun conociéndome de toda la vida, y sabiendo lo hijo de puta que puedo ser, haya venido. Apago rápidamente mi cigarrillo, ya que ella lo detesta, aunque seguramente se descompondrá de solo verme. Tengo que admitirlo, me merezco todo lo que ella esté pensando ahora. Se lo que piensa, porque yo tengo la misma descripción de mi. Traidor, lascivo, vil, manipulador, escoria humana. Solo que yo ya me acostumbré a esa carga, y ahora que han pasado los años y puedo decirlo, me ha empezado a gustar. Se sienta enfrente mío, y puedo ver su mirada asqueada por lo que tiene delante. No es para menos teniendo en cuenta la noche agitada que tuve, y lo que me costó enterrar esos cuerpos. En fin, dejo esas imágenes para otro dulce momento, ella ya se está impacientando y quizás arrepentido de encontrarse acá.

4-

No es una decisión acertada la que toma este sujeto. Sino mas bien impulsiva, como impulsiva fue toda su vida. No piensa, no le gusta pensar, lo considera un insulto para su naturaleza. No es cortés ni simpático, pero puede mantener a la mujer cerca de él, para decirle esa breve frase que pensó la noche anterior. No es una frase reveladora, pero no pudo ocurrírsele otra mejor. Deslizando un sobre de su gabardina, lo pone en la mesa y le susurra "Encontré a tu maridito". Se levanta de la mesa y sale del bar, dejando a la mujer petrificada mirando el sobre. Si bien el hombre no es inteligente, tiene la memoria suficiente como para que la mujer haga lo que él quiera. Alcanza a escuchar algunos gritos a lo lejos. Y sonríe, no puede evitarlo. Sube la calle, no pudiendo evitar compararse con esos restos humanos que ayer desmembró. Sabe que su destino no puede diferir mucho. Y sonríe, quizás porque ha dejado toda su humanidad, lo poco que le quedaba en esas fotos. Quizás la haya enterrado también junto con los cadáveres. O mejor aún, nunca la tuvo…

lunes, 6 de diciembre de 2010

Textos con visceras (Cuentos para dormir con luz)




Una vuelta de tuerca (Cortázar sangriento)


No es tanto que ya no sepamos hacerlo...

Sí, sobre todo eso, no encontrar una buena forma de darle un remate

¿Pero acaso lo hemos buscado desde el día en que lo trajimos aquí?

Tal vez no, y sin embargo cada mañana que se despierta me mira como querer terminar todo. Estoy tentado a darle el gusto

Puro engaño, llega el momento en que uno se mira como lo que realmente es. El espejo nos devuelve la mirada de un caníbal, y ya es tarde.

Quién sabe, yo todavía no quiero hacerlo. No de esta forma. tan...sucia.

No basta con quererlo, si además no hay la prueba de lo que hicimos. Estamos impolutos. Las manchas de nuestra alma permanecen segura dentro nuestro.

Ves, de nada vale esa seguridad que tanto te caracteriza cuando te ves a ti mismo como una mierda. Cuando no tenés ni siquiera una evidencia de lo que fuiste.

Cierto, ahora cada uno exige una evidencia frente a lo que podríamos llegar a ser. Como si nuestro acto de caridad no valiera nada. ¿No entiendo? ¿Para qué lo besas? algunas veces pienso que eres más macabro que yo.

Como si besarse fuera firmar un descargo, como si mirarse con pena y ternura fuera pecado en una situación como esta. Trato al menos de hacerle creer en las esperanzas. En lo fortuito de su situación. Aparte...¿Y que si me siento atraído por su piel?

Debajo de la ropa ya no espera esa piel que te "atrae". Espera un monstruo que esta germinando. ¿No lo sientes como grita? Tus caricias nocturnas no hacen más que avivar el incendio de su insania. Eso es peor que tenerlo sin comida.

No es lo peor, pienso a veces; hay lo otro, las palabras cuando le cortábamos en finas tiras su cuerpo. Hay que admitir que a veces estamos poseídos en un frenesí visceral. Ya no tenemos retorno. ¿Recuerdas como llegamos a esto? Los dos empapados de sangre en la estancia de tu tío. Nos gustaba el ruido de los pollitos

O el silencio, que entonces valía como calma luego de un frenesí. Para que el sistema se calmara. Para que nuestras de voces se acallaran. AL fin y al cabo creo que fue aquella noche en lo de tu tío, donde toda historia cerro.

Sabíamos abrir la ventana apenas ellos se acostaron. Nos costó mucho no hacer ruido

Y esa manera de dar vuelta la almohada buscando sus bocas, grotescas fauces donde salían ruidos, como de cerdo. Eran cerdos. Ese primer vomito de sangre fue especial...

Como un lenguaje de perfumes húmedos que nos devolvió la vida. Se nos alojo en nuestra nariz, se nos clavó con un clavo oxidado. Y nunca se fue.

Gritabas y gritabas mientras yo golpeaba la cabeza de tu tía con mi martillo. Nunca te vi tan desquiciado

Caíamos en una misma enceguecida avalancha hasta que por fin todo fue quietud. Nos acurrucamos uno al lado del otro a los pies de la cama.

Yo esperaba escuchar eso que siempre me decías cada vez que había tormenta "Tranquilo, solo cierra los ojos y estarás en tu lugar feliz"

Y jugar a dormirse entre nudos de sábanas y a veces, quizás acostarse entre los cuerpos aun calientes. Hacia tanto frio...

Si habremos insultado entre caricias el despertador que nos saco de tan hermosa experiencia, y nos indicaba que ya la noche había acabado.

Pero era dulce levantarse y competir por la sierra, a ver quién era el primero en usarla.—Y el primero, empapado, dueño de la toalla seca que luego se humedecía con ese liquido rojo que tanto nos llamo la atencion, siempre.

El café y las tostadas, la lista de compras, y eso sí, siempre comíamos aparte de nuestra sala de juego. Siempre tuvimos estómagos débiles.

Todo sigue lo mismo, se diría que igual

Exactamente igual, sólo que en vez en cuando me da por un anhelo de volver el tiempo atrás—Como querer contar un sueño que después de despertarse se lo acuerda a medias. Y es hermoso porque justamente se está olvidando.

Pasar el lápiz sobre una silueta, repetir de memoria algo tan arraigado en nuestra columna. Se puede volver mal habito.

Sabiendo al mismo tiempo cómo nos gusta y que no podríamos vivir sin esa sensación, tan única. Tan vibrante...

Oh sí, pero esperando casi un encuentro con esos ojos que tanto se hacen esperar. Y el ver como se cierran al compas de tu cuchillo.

—¿Un poco más de mermelada y de café?

Gracias, no tengo apetito. Sabes que no me gusta llenar el estomago cuando tengo que jugar con nuestro invitado. Ya vuelvo
(Las oraciones en italica corresponden al texto original de Julio Cortazar)
Como un baño Tibio
Sí, creo que tienes razón. Me dejaré de jugar ya, e iré directamente al punto, ya que el olor me está empezando a afectar a mí también. Tienes razón al pensar en que no te dejaré ir con vida, y no soy de mentirte. Nunca lo hice y no voy a empezar haciéndolo justo ahora. No llores, ya que te moverás más de la cuenta y sangrarás más. Voy a matarte si, pero no significa que he dejado de quererte. ¡Mierda, si aun me enloquezco con tu boca, por más que este llena de vomito y sangre! No pidas explicaciones, en este punto son inexistentes. En realidad, no tengo un porqué. Solo un impulso, una punzada, como eléctrica recorriendo cada musculo. Para terminar en mis manos, en mis dedos. Cada vez que agarro un cuchillo me pasa eso. Algunas veces me controlo mejor que otras, pero la sensación de verte redimido en sangre era simplemente maravillosa. Eres un ser tan hermoso, un instante mas y todo seguirá su ciclo. Cierra los ojos. No llores, ya no. No hay dolor, no estás en una cama ensangrentada...Imagínate...que estas tomando un baño tibio. Déjate llevar. Esa dulce sensación que te duerme. Eso es mi querido, te dije que no dolería. Puedes quedarte un poco en la cama, mientras arreglo el desorden. Si tienes paciencia te preparare una sorpresa para cenar.
Foto: Portada del libro "Orgullo, prejuicio y zombies"

sábado, 20 de noviembre de 2010

El ocaso de los Broncos



Algunas veces tengo la oportunidad de encontrarme objetos peculiares. Que me devuelven una imagen distorsionada de la realidad y me cautivan. No puedo contenerme cuando veo al niño interior apoyar sus manitos sobre un mostrador y pidiéndome algo. No se si será el padre futuro que también llevo dentro.

Veo un yo-yo. Por un minuto redoblo la marcha, tratando de mitigar, callar al chiquilin. Pero es imposible, no puedo con el, ya que es (fui) muy testarudo. Apenas me alejo 20 pasos del kiosko y vuelvo (volvemos).

-¿Cuanto cuesta ese yo-yo?
-14 pesos
-¿¡Ehhh!?¡¿Cuanto?, no disculpe pero es un poco caro.

En ese momento miro al nene. Esta con los ojitos llorosos, casi a punto de iniciar un berrinche. Al final, sale ganando.

Voy por la calle con mi nueva adquisición. Recordando al principio, como era ese arte que ya no recordaba, de hacer el perrito o mas aun, de que no se enrede el piolín. Paso los días subsiguientes haciendo sonreír al niño, temiendo no darme cuenta de mis obligaciones y dejando todo por un juego tan simple.

Pero vaya sorpresa si me di, al darme cuenta que en realidad estaba abriendo nuevos caminos en incluso subsanando otros, con el simple ir y venir de mi juguete.

Así es como estando probando el perrito en mi patio, mi abuela (a gran emperatriz), dejo su letanía de leer paginas infinitas, y mirándome desde su silla me miro con una sonrisa.

-En mis tiempo se llamaba yo-yo. No me voy a olvidar nunca cuando queriendo hacer una prueba que hizo una compañera mía, se me zafó y rompí un vidrio. ¡La Profesora me lo termino sacando!

Y al verla sonreír, con esos dos dientes que le quedan, me figure a una niña morochita con guardapolvo blanco y sosteniendo un yo-yo de madera. Mi madre, en la cocina, se reía por lo bajo, mientras la niña le explicaba los viejos trucos ya perdidos.

Jueves por la mañana. Estación Plaza de Mayo de la linea A de subte. Una mañana como todas, agitada, monocromática y por sobre todo calurosa, en estos días en que llega el verano y se instala sin pedir permiso. En las venas de la estación, un payador antiguo, que no corresponde a la nueva era del celular con cámara e Internet, se dedica a darle un poco de color a esas vías, con su guitarra toda fileteada y su cancionero popular. Siempre lo miro con cariño, quizás porque me recuerda a ese viejo que en la infancia le cumplía todos los caprichos al pibe que era, y hoy esta bobo con el yo-yo. Nunca le hable hasta ese día, que al verme pasar practicando la vuelta al mundo me chisto.

-¡No puedo creer que volvieron!¿Sabes una cosa pibe? antes había un chico en cada esquina con uno. Me acuerdo una vez de chico que me contaron que allá lejos en Francia había hombres que tenían hasta tres en la mano, los tiraban todos juntos, se los ponían en la oreja...mira vos todavía quedan....

Y de vuelta lo vi convertirse en nene, con una guitarra de juguete y con los cachetes regordetes, asombrándose por las maravillas que ese artilugio le traía de tierras lejanas. Cuando esos rumores, eran mas fantásticos que ir a ver a los elefantes al circo. Lo dejo con una sonrisa, quizás prometiendole volver para cantar alguna copla (aunque no sepa cantar).

El dia laboral termina y salgo con calma hacia mi facultad, disfrutando de una tarde un poco calurosa, pero estúpidamente feliz. Un borracho apoyado en un auto me ve pasar y de repente se le aclaran los ojos, y tartamudeando me espeta

-¿Me hacés el perrito por favor?

En otras circunstancias habría puesto una excusa cobarde y los hubiera dejado con la palabra, creyéndome mas justo que el por el simple hecho de esta sobrio. Pero el yo-yo me devuelve la mirada expectante de aquel hombre, que se perdió cuando a su escuela fueron "Los Profesionales del yo-yo" e hicieron miles de trucos, mas complicados que el perrito. Y que por una vez en la vida quería volver a ver rodar ese disco de plástico.

Dándole el gusto, y devolviendome el una sonrisa lo dejo, quizás para pensar mas tranquilo, como ese acercamiento mundial que pregonan los precursores de la nueva era digital, del celular con microondas, se ve menos que opacada por un simple chirimbolo. Tal vez no nos damos cuenta, cuan simple es conformar un niño interno. Lo simple, el enrollar el piolin, y jugar por horas, y ver como por un simple impulso de muñeca, se explica el comienzo del universo.

Ya es tarde y los zorzales negros, me anuncian que son las tres de la mañana. Ahora me voy a dormir. O practique si me sale el columpio.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Io Retornatto


He decido desempolvar el escritorio vacío. Cambiar la tinta de mi pluma, ya seca de tanto tiempo sin usar y cambiar las hojas ya amarillentas. Me propuse volver a mi habitual vicio, el de escribí compulsivamente sin pensar. Y no se porque hice esta metáfora estúpida de las hojas y la tinta, si ya hace rato que no las uso.

Suenan excusas antes los clamores de mis inquilinos, acerca de porque no los alimente con prosa. El tiempo, la fatiga y el cansancio suenan apenas tibias. El hecho es que he abandonado la escritura, y esta se niega ahora a jugar conmigo. Ya no la encuentro en los habituales juegos de plaza, ni en las esquinas nocturnas de mi barrio. Apenas un gato pidiendo por comida, ocupa su lugar. Se ha ofendido parece, y no creo que quiera verme.

Intento sin embargo revivir su espíritu, esbozando algún mamarracho que suene bonito o por lo menos me genere un breve orgasmo. La realidad me devuelve palabras muertas abrazadas por mí, con el único fin de salir de la letanía Me asusta pensar que no volveré a jugar con mis amigas. Ya he dicho que algunas se fueron y otras murieron. En la soledad de del ignorante, el que supo y se olvido, del estúpido, clamo porque vuelvan.

Al principio solo serán palabras y escritos que pude recopilar en una búsqueda aparte. Podría decir que estuve en parajes exóticos y tierras lejanas. Pero no, dicho camino lo hice en la comodidad de mi casa, ya que sabia que las musas no entienden de retiros espirituales.

Por tal fin abro nuevamente este espacio, acondicionado para que las palabras vuelvan a esta casa. Oscura y húmeda, pero al final muy acogedora.

Imagen: Publicada en http://susurrosdecandiles.blogspot.com/2009/05/el-sillon-vacio.html